Por: Patricia Forero de Chavarría
Hace unas semanas estuve en el curso Intensivo de Verano de Encounter Ministries y me llamó la atención el primer tema relacionado con la identidad. Logré identificar que los problemas que tenemos hoy en día parten de no tener clara nuestra identidad. Podríamos preguntarnos: ¿Estoy haciendo las cosas para demostrar quién soy o porque ya sé quién soy? Aunque parezca una diferencia pequeña, cambia por completo nuestra forma de vivir.
Con frecuencia buscamos sentirnos valiosos a través de lo que hacemos. Trabajamos más o nos esforzamos más para recibir aprobación, reconocimiento o sentir que si lo hacemos somos importantes.
La Biblia nos presenta un orden diferente, no debemos hacer las cosas para ganar Su amor. No necesitamos servir a más personas, o leer más biblia, o querer aparentar ser santos para que Dios nos ame. Él nos ama así como somos porque somos sus hijos.
Jesús, antes de comenzar su ministerio, escuchó del Padre: “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” (Lucas 3,22). La afirmación de su identidad llegó antes de sus obras, antes de ir a sanar a los enfermos o hacer los milagros de la multiplicación de los panes. Ese mismo principio sigue vigente para nosotros.
Cuando olvidamos nuestra identidad, comenzamos a vivir con mentalidad de desempeño. Creemos que nuestro valor depende de los resultados, de los logros o incluso del servicio que prestamos a Dios. Sin darnos cuenta, actuamos como el hermano mayor en la parábola del hijo pródigo: siempre cerca del Padre, pero viviendo como si tuviera que ganarse su amor.
Por eso Romanos 12,2 nos invita a renovar nuestra mente. No se trata únicamente de cambiar conductas, sino de transformar la manera en que pensamos acerca de nosotros mismos y de Dios. Cuando nuestra identidad cambia, nuestras decisiones también cambian.
No hacemos el bien para ser aceptados. Hacemos el bien porque ya fuimos aceptados y porque amamos a Dios. Tal vez hoy no necesitas esforzarte más para que Dios te ame. Tal vez necesitas recordar quién eres. Recuerda, cuando una persona vive desde su identidad, deja de buscar aprobación y comienza a caminar con propósito.
Una pregunta para reflexionar: ¿He buscado el amor de Dios y de otros a través de mi desempeño? ¿Qué cita bíblica me puede recordar que soy hijo/a de Dios para seguir afirmando mi identidad?


