Ir al contenido principal

Por la Vida | Patricia Forero

¿Dónde empieza el verdadero cambio?

Por: Allissón Montano

Tenemos la creencia de que, para que una situación en nuestra vida cambie, solo debemos esperar. Pero la realidad es otra: para que algo cambie a nuestro alrededor, primero debemos permitir que algo cambie dentro de nosotros.

¿Y qué debemos cambiar?

Muchas veces pensamos que el cambio está en lo que podemos ver: nuestra manera de reaccionar, la forma en que nos dirigimos a los demás o esos hábitos que hemos arraigado con el tiempo. Pero, al concentrarnos únicamente en lo visible, podemos pasar por alto lo esencial: aquello que realmente tiene peso y marca la diferencia.

Porque detrás de cada acción existe un pensamiento que la dirige. Antes de transformar nuestras acciones, debemos transformar aquello que las origina: nuestra mente.

Nuestra mente es el lugar donde nacen nuestras decisiones, donde analizamos, reflexionamos, imaginamos y elegimos. Y es precisamente allí donde comienza la metanoia: el proceso de transformar nuestra manera de pensar para transformar nuestra manera de vivir.

Pero cambiar la mentalidad no significa simplemente pensar de manera positiva.

El optimismo sin fundamento puede convertirse en una forma de negar la realidad. Una mentalidad verdaderamente fuerte no es aquella que ignora lo negativo, sino aquella que, aun en medio de lo que no comprende, decide confiar.

Y esa confianza encuentra su fundamento en la fe.

Fe en Dios.
Fe en lo que todavía no podemos ver.
Fe en que, aun cuando no sabemos qué nos espera, podemos confiar en Aquel que sí lo sabe.

Ese es el verdadero optimismo: no creer que todo será fácil, sino confiar en que Dios puede sostenernos aun cuando no entendamos el camino.

A través de la fe comienza el verdadero cambio: cuando reconocemos nuestras limitaciones, dejamos de querer controlarlo todo y rendimos nuestra mente, nuestros temores y nuestros planes ante la inmensidad del amor de Dios.

Porque cuando cambia nuestra manera de pensar, cambia nuestra manera de vivir.

Y cuando nuestra mente encuentra su fundamento en Dios, incluso en medio de la incertidumbre podemos encontrar algo que el mundo no siempre puede ofrecer: vida y paz.

“La mentalidad centrada en la carne es muerte, pero la mentalidad centrada en el Espíritu es vida y paz.”
— Romanos 8:6